¿Cuándo empieza uno a sentirse mayor? Los vecinos del Antonio Somalo responden
Los usuarios del Centro de Mayores Antonio Somalo cuentan cuándo empezaron a sentirse mayores, si es que lo han sentido. Además, qué hacer cuando un hijo no sabe qué estudiar, cómo hablar con los adolescentes sin invadir, contraseñas más seguras y un viaje por la historia de los videojuegos. Es el Sector 2.2 del martes 3 de noviembre.
«Cuando sea mayor te lo voy a poder contestar»
Jesús María Gutiérrez se acerca al Centro Municipal de Mayores Antonio Somalo con una pregunta sencilla: ¿cuándo empieza uno a sentirse mayor? Responden quienes mejor lo saben, personas que ya han pasado los 65.
Charo recuerda que a los 25 ya se veía mayor, y que a los 40 le pareció «el acabose». Ahora, con más años que nunca, dice que por dentro se siente joven. Jorge, de 81 años, lo resuelve de un plumazo: «Cuando sea mayor te lo voy a poder contestar. Ahora, no». Para él, la edad es un estado de ánimo: si uno está bien, no la siente.
Una vecina que llegó desde Bogotá cuenta que se jubiló a los 67, pero que nunca se sintió jubilada mientras tuvo su empresa. Empezó a pensar en la edad al llegar a España y celebrar los 80, y hoy disfruta de sus nietos y de las actividades del centro. Otra participante sitúa ese momento en el espejo, al llegar aquí con 78 años, y reconoce que al principio todos le parecían jovencitos.
Susana admite que el espejo y el carné de identidad le recuerdan su edad, aunque no termina de creérselo. Mabel explica cómo han cambiado las conversaciones con los amigos de toda la vida: menos trabajo y proyectos, más nietos, algún achaque… y cuándo organizar la próxima cena. Y Pilar tiene su propio truco: cuando se mira al espejo, se quita las gafas.
Mi hijo no sabe qué estudiar
Cristina Liébana conversa con Lucía del Estal Gigante, orientadora del IES Jorge Manrique, sobre una decisión que llega pronto: qué camino elegir al terminar 4.º de la ESO. A esa edad, explica, los chicos empiezan a reconocer lo que se les da bien y lo que les gusta, pero las decisiones vocacionales necesitan tiempo y reflexión en una época de inmediatez.
Las familias tienen mucho que aportar, y la toma de decisiones se ensaya desde pequeños. Pero la orientadora insiste en que el protagonismo es de los chicos: docentes y familias acompañan y asesoran, y si alguien se equivoca, no pasa nada. Hay tiempo para rectificar y se puede cambiar de modalidad de Bachillerato o pasar a la Formación Profesional.
Lucía del Estal recuerda que el Bachillerato no es la única opción. Un grado medio no es un fracaso, sino una oportunidad para quienes aprenden haciendo, y el itinerario permite seguir avanzando: del grado medio al superior y, desde ahí, a la universidad. Para quien se sienta perdido, recomienda el cuaderno de orientación de la Comunidad de Madrid, la web TodoFP y, sobre todo, hablar con los orientadores y profesores del centro.
Padres y adolescentes: hablar sin invadir
Cristina Liébana habla también con la psicóloga Marina Criado sobre la comunicación en casa cuando llega la adolescencia. La base es mantener un flujo habitual de conversación, contar cosas ligeras cada día, elegir bien el momento y el lugar, y escuchar más.
Cuando un adolescente responde «no me pasa nada», explica, muchas veces está diciendo «ahora no quiero hablar». Conviene respetarlo: si en casa hay un clima de confianza, lo que preocupa acaba saliendo. Las conversaciones suelen fluir mejor haciendo algo juntos, cocinando, paseando al perro o en el coche.
Marina Criado propone escuchar sin gestos que juzguen y, antes de dar soluciones, preguntar qué necesitan. Sobre los límites, las advertencias funcionan mejor si se han hablado antes con naturalidad. Y si una conversación acaba en discusión, lo primero es darse tiempo y buscar una forma de reconciliarse, sin reproches del tipo «contigo no se puede hablar».
Contraseñas: el peligro de usar siempre la misma
Carlos Aldea parte de una prueba: contar las aplicaciones en las que tenemos cuenta. Lo normal es superar las cincuenta, a menudo con la misma llave para todas las puertas. Y eso, explica, es aún más peligroso que usar «123456», que sigue en lo alto de las contraseñas más repetidas en España. Si una web cualquiera sufre una filtración, los ciberdelincuentes prueban esos datos de forma automática en el banco, el correo o las tiendas en línea.
Su receta: longitud antes que complejidad. Una frase de contraseña de cuatro o cinco palabras sin relación, con separadores, es larga, fácil de recordar y difícil de romper. Nada de fechas, nombres de hijos o mascotas, matrículas ni secuencias de teclado. Para no depender de la memoria, un gestor de contraseñas; además, activar el doble factor de autenticación, al menos en el correo, el banco y las redes sociales, y aceptar las llaves de acceso cuando una web las ofrezca.
También explica cómo comprobar si nuestros datos se han filtrado, con servicios como Have I Been Pwned, y qué hacer si ocurre: cambiar esa contraseña y todas las iguales, activar el doble factor y cerrar las cuentas que ya no se usan. Ante cualquier duda, el 017 de INCIBE es la línea gratuita de ayuda en ciberseguridad. Y deja tres deberes: comprobar el correo, protegerlo con una frase larga y doble factor, y empezar a usar un gestor.

